Nuestro hombre en Bahia
La tarde, sí, otra pinche tarde y nada que hacer. Escuchar un disco. Por es que lo mejor que hay a la vista. No más playstation ni chaquetas mentales. Un disquito de esos suavecitos, de esos de cockel de medio día. Un pianito, una mujer que languidece en un mullido sillón de esos que ya le apostaban al futuro hace 20 o 30 años, preferentemente tapizado en peluche a dos colores. Sincronía en blanco y negro, por decir algo.
Afuera el niño grita una y otra vez mamá, mamá, mamá, mamá, mamá, mamá, mamá, mamá. Alguien, quien sea, que le retuerza el cuello por favor. No importa quién, alguien. El piano en la habitación sigue llevando la tarde, a pesar de todo, cálida. La cadencia en la melodía es un caminar de caderas cualquier tarde en Bahía (acento portugués, por favor).
El disco suena, el láser rasga su pulida superficie y magia, ahí están la guitarra y el músico que alguna vez la tocó vestido de blanco, uno, dos tres, cuatro acordes. Por encima del mullido fondo musical se adivina un beat repetitivo y una letra en español. ¡Ya empezó el vecino con su dosis diaria de OV7!, cierro la ventana y los oídos a cualquier otra cosa que no sea Astrud Gilbert y el piano y la guitarra y el sax y la flauta y el acompañamiento de Carlos Antonio Jobim. Y la cosa no para, muy a pesar de la infalible Piña Colada que no está.
Calor, acordes down y la recreación sistemática de una fiesta con actrices púberes que luego ya no lo serán, actores venidos a menos y un montón de extras en la casa de cualquier productor de Holliwood que hace más de dos horas que no se acuerda como se llama, pero tiene una tarjeta impregnada de polvo blanco por las orillas en la bolsa del saco y sonríe a todos, a todos.
Afuera el niños sigue gritando, alternando sus alaridos con los chillidos de la madre que responde que se calle, que la deje en paz. A quien diablos le importa, lo que ella quiere, no al niño al menos. Y nadie en la fiesta parece prestar atención en ella o en la mujer mulata claro que entorna los ojos, sostiene entre su dedos el cabello una flor y canta algo que habla de una mujer que camina por la calle y de un sol dorado en Ipanema que tuesta la piel.
Adentro la fiesta languidece.
Referencias para tomar en cuenta:
Carlos Antonio Jobim y su Chica de Ipanema
Los discos de Irma Record´s, especialmente los del sello Irma La Douce
Esquivel y Combustible Edison
La fiesta inolvidable con Peter Sellers
Las ilustraciones de Jordi Labanda
miércoles, abril 28, 2004
martes, abril 13, 2004
La casa del escritor de Puebla está ofreciendo un curso sobre nota policiaca y literatura negra. Sin tener del todo claro de qué va la cosa y visto que es gratis solicitaré mi admisión, solo que para ello me piden de requisito una carta de motivos. Carajo, como si no fuera suficiente que me gusta el tema y ya... bueno, pues en respuesta a la solicitud está es mi carta:
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A quien corresponda:
Piden un carta de motivos para poder acceder al "olimpo de las letras" que representa esta institución y me pregunto si acaso tendré motivos suficientes para justificar mi necesidad de saber y conocimiento sistemático. Una carta de motivos, sigo rumiando para mis adentros y encuentro que me resulta difícil justificarme ante un anónimo, pues si bien hay un nombre detrás de este curso en realidad a mi nadie me asegura quién será el destinatario de ésta. De cualquier manera comencemos.
Bueno, motivos en realidad tengo muy pocos, o al menos eso creo. Podría comenzar diciendo que trabajo en un diario de circulación local y tengo la obligación semanal de armar (por llamarlo de alguna manera menos institucional) las páginas de la sección policiaca cada viernes y sábado. Esto me obliga a estar en contacto con el trabajo reporteril de la nota roja aún sin ejercerlo de forma. ¿Esto podría ser considerado un motivo para solicitar mi inclusión en el curso? Supongo que no me corresponde a mi evaluarlo, pero lo expongo en caso de que pudiera resultar satisfactorio a quien solicito está misiva.
También puedo señalar un interés, más bien malsano, por la degradación humana y los limites (aún dudo que existan) a los que podemos llegar quienes presumimos de una capacidad de raciocinio y comunicación con nuestros semejantes. Este interés me ha llevado a acumular libros e historias en donde las bajas pasiones son, generalmente, las protagonistas. ¿Este otro argumento entraría dentro del apartado de motivos? Quiero suponer que sí, pues de otra manera podría decir que se me han agotado los razonamientos para justificar mi solicitud.
Así, sin más suyo yo
PD.- Ah... rax, con quien compartí un café hace unos días me exigió el final o más bien la continuación de la historia del tio fantasma... mejor que seguir redactando algo que solamente ella leería decidí contarsela. Claro, oralmente es aún menos graciosa de lo que pudiera parecer al ser transcrita, pero que se le va a hacer. Al menos quedo conforme.
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A quien corresponda:
Piden un carta de motivos para poder acceder al "olimpo de las letras" que representa esta institución y me pregunto si acaso tendré motivos suficientes para justificar mi necesidad de saber y conocimiento sistemático. Una carta de motivos, sigo rumiando para mis adentros y encuentro que me resulta difícil justificarme ante un anónimo, pues si bien hay un nombre detrás de este curso en realidad a mi nadie me asegura quién será el destinatario de ésta. De cualquier manera comencemos.
Bueno, motivos en realidad tengo muy pocos, o al menos eso creo. Podría comenzar diciendo que trabajo en un diario de circulación local y tengo la obligación semanal de armar (por llamarlo de alguna manera menos institucional) las páginas de la sección policiaca cada viernes y sábado. Esto me obliga a estar en contacto con el trabajo reporteril de la nota roja aún sin ejercerlo de forma. ¿Esto podría ser considerado un motivo para solicitar mi inclusión en el curso? Supongo que no me corresponde a mi evaluarlo, pero lo expongo en caso de que pudiera resultar satisfactorio a quien solicito está misiva.
También puedo señalar un interés, más bien malsano, por la degradación humana y los limites (aún dudo que existan) a los que podemos llegar quienes presumimos de una capacidad de raciocinio y comunicación con nuestros semejantes. Este interés me ha llevado a acumular libros e historias en donde las bajas pasiones son, generalmente, las protagonistas. ¿Este otro argumento entraría dentro del apartado de motivos? Quiero suponer que sí, pues de otra manera podría decir que se me han agotado los razonamientos para justificar mi solicitud.
Así, sin más suyo yo
PD.- Ah... rax, con quien compartí un café hace unos días me exigió el final o más bien la continuación de la historia del tio fantasma... mejor que seguir redactando algo que solamente ella leería decidí contarsela. Claro, oralmente es aún menos graciosa de lo que pudiera parecer al ser transcrita, pero que se le va a hacer. Al menos quedo conforme.
miércoles, abril 07, 2004
"Imagino que siembro mechones cortados del pelo de Anna-Louise, como tallos delgados de flores secas, y que de esos cabellos crecen girasoles. Imagino que entierro una calculadora de bolsillo con su nombre escrito en la pantalla de cristal líquido, y que de la tierra salen relámpagos."
Douglas Couplan, Planeta Champú
Douglas Couplan, Planeta Champú
jueves, abril 01, 2004
lunes, marzo 01, 2004
Alessia vino y se fue. Los días han vuelto a su monotonía de ir y venir al diario y de enfrascarse entre libros buscando esas teorias que sustenten un choro que la verdad es que no tiene sustento alguno. Puras pretensiones sin sustento.
Ah, el u|v|Zine de panbol ya llegó al ciberespacio en su versión beta, por que la verdad es qué está lleno de errores
Ah, el u|v|Zine de panbol ya llegó al ciberespacio en su versión beta, por que la verdad es qué está lleno de errores
Han pasado dos meses desde el último post. Desde entonces han pasado demasiadas cosas para una sola noche con algunas horas libres para escribir. Tendría que comentar lo de Gerardo y Epigmenio, pero son tantos los blogs que lo hacen que sería hasta ocioso, lo que si es seguro es que trabajo por ese par de compas se está haciendo.
Astroman ha decidido incribirse a una clinica de desintoxicación para quitarse el gusto por la coix, de lo demás no se habla. ¿Quién diablos en su sano juicio querría dejar el MDMA o el LSD y demás sustancias?. No el kriter al menos y menos ahora.
Colmena organizó una fiesta para despedirse del mundo dealer y la cosa no resultó como se esperaba. Después fueron horas de caminar y caminar por las calles del pueblo, nada nuevo para mi pero si para los que nos acompañaban.
Astroman ha decidido incribirse a una clinica de desintoxicación para quitarse el gusto por la coix, de lo demás no se habla. ¿Quién diablos en su sano juicio querría dejar el MDMA o el LSD y demás sustancias?. No el kriter al menos y menos ahora.
Colmena organizó una fiesta para despedirse del mundo dealer y la cosa no resultó como se esperaba. Después fueron horas de caminar y caminar por las calles del pueblo, nada nuevo para mi pero si para los que nos acompañaban.
lunes, diciembre 29, 2003
La última vez que leí a Bryce Echenique estaba en Mazunte, preparandome para el vuelo interoceánico. La amigdalitis de tarzán es una historia de amor contada a través de correspondiencia ajena. Aún me pregunto cual fue la mejor parte del libro: ¿la historia? ¿la estructura? ¿la posibilidad de leer el correo ajeno?
El voyer que todos llevamos dentro sabe mejor que yo lo que me puede dar placer.
martes, diciembre 09, 2003
Otro parentesis en la historia del tio vacilador y fantasmal
Regreso bajo las putas estrellas
El viernes pasado salí del diario cerca de las 2 de la madrugada. Como un par de días antes había discutido con Bolaños por cosas del trabajo no quise llegar a su casa. Pensé entonces en Israel, pero cuando llegué a su casa estaba todo apagado y no quería molestar a la joven pareja. Así que salí a la calle. Son las dos, pensé, con un poco de suerte encuentro algo o a alguien en Los Sapos con quien pasar unas horas. Al menos una. Pero nada. En Los Sapos estaban levantando todo. Y tampoco tenía ganas de sentarme ante una mesa vacía con una chela fría enfrente esperando que pasaran las horas.
Comencé a caminar rumbo a la salida a Atlixco, que es por dónde Oscar tiene su casa. y por más que hice tiempo, arrastré los pies y me paré a tomar apuntes de una casa que me gustó los minutos se negaron a pasar. Cuando llegué a las cercanias que casa de Bolaños apenas había transcurrido una hora. Eran las 3 de la mañana y tenía aún que esperar como otras tres para que hubiera autobuses para el regreso a casa. Y con el frio ese soplando era empresa por demás imposible.
Se me hizo facil, entonces, comenzar a caminar rumbo a Atlixco. Esperando ingenuamente encontrar un taxi que regresará al pueblo y que me cobrara poco. La idea no es tan descabellada como podría parecer. Hace algunos años, cuando regresaba del DF lo hice. Me paré en la salida de Puebla a la media noche y me puse a pedir aventón. Despues de varios minutos un vocho blanco me levanto y me llevó hasta Chipilo, la mitad del camino a casa. La otra parte tuve que caminarla un rato hasta que pasó un taxi y me levantó.
Pensé que esta noche la historia podría ser repetirse. Solo que ahora la caminata comenzó desde el centro de la ciudad. y Terminó 4 horas despues con las piernas que me gritaban mi estupidez y el frio cortandome la cara y manos. Ahí entendí que lo divertido de mirar la luna ocultarse tímida detrás de las montañas pude pagarlo muy caro. Tuve que esperar más de 20 minutos en el paradero el autobus para Atlixco con una temperatura cercana a los cero grados que amenazaba con congelarme los dedos.
En el camino dejé varias parejas que se metían al motel con botellas de alcohol como lubricante. Una camioneta varada en el camino y un par de imbeciles preguntandole a gritos dónde podrían conseguir una grua a esa hora de la madrugadaa un pinche loquito que caminaba rumbo a casa, como a 30 kilómetros más adelante. Pero ningún taxi que regresará a Atlixco.
Ya regresaré con la otra historia
Regreso bajo las putas estrellas
El viernes pasado salí del diario cerca de las 2 de la madrugada. Como un par de días antes había discutido con Bolaños por cosas del trabajo no quise llegar a su casa. Pensé entonces en Israel, pero cuando llegué a su casa estaba todo apagado y no quería molestar a la joven pareja. Así que salí a la calle. Son las dos, pensé, con un poco de suerte encuentro algo o a alguien en Los Sapos con quien pasar unas horas. Al menos una. Pero nada. En Los Sapos estaban levantando todo. Y tampoco tenía ganas de sentarme ante una mesa vacía con una chela fría enfrente esperando que pasaran las horas.
Comencé a caminar rumbo a la salida a Atlixco, que es por dónde Oscar tiene su casa. y por más que hice tiempo, arrastré los pies y me paré a tomar apuntes de una casa que me gustó los minutos se negaron a pasar. Cuando llegué a las cercanias que casa de Bolaños apenas había transcurrido una hora. Eran las 3 de la mañana y tenía aún que esperar como otras tres para que hubiera autobuses para el regreso a casa. Y con el frio ese soplando era empresa por demás imposible.
Se me hizo facil, entonces, comenzar a caminar rumbo a Atlixco. Esperando ingenuamente encontrar un taxi que regresará al pueblo y que me cobrara poco. La idea no es tan descabellada como podría parecer. Hace algunos años, cuando regresaba del DF lo hice. Me paré en la salida de Puebla a la media noche y me puse a pedir aventón. Despues de varios minutos un vocho blanco me levanto y me llevó hasta Chipilo, la mitad del camino a casa. La otra parte tuve que caminarla un rato hasta que pasó un taxi y me levantó.
Pensé que esta noche la historia podría ser repetirse. Solo que ahora la caminata comenzó desde el centro de la ciudad. y Terminó 4 horas despues con las piernas que me gritaban mi estupidez y el frio cortandome la cara y manos. Ahí entendí que lo divertido de mirar la luna ocultarse tímida detrás de las montañas pude pagarlo muy caro. Tuve que esperar más de 20 minutos en el paradero el autobus para Atlixco con una temperatura cercana a los cero grados que amenazaba con congelarme los dedos.
En el camino dejé varias parejas que se metían al motel con botellas de alcohol como lubricante. Una camioneta varada en el camino y un par de imbeciles preguntandole a gritos dónde podrían conseguir una grua a esa hora de la madrugadaa un pinche loquito que caminaba rumbo a casa, como a 30 kilómetros más adelante. Pero ningún taxi que regresará a Atlixco.
Ya regresaré con la otra historia
viernes, diciembre 05, 2003
Regreso al DF
Llegué a casa cargado de maletas y con los ojos llenos de vividas imagenes. Un nuevo regreso, un nuevo comienzo. De nuevo a reinventarme la vida. Olvidar lo que se quedó atrás o por lo menos dejarlo medio escondido para que no doliera demasiado a la hora de salir a buscar trabajo. Los primeros días fueron de fiesta, pero con los días regreso la normalidad y la cotidianidad. Y en vista de las circunstancias lo mejor era buscar de nuevo el apartamento vacío de mi tio.
En algún momento, despues de mi salida de él para regresar a Puebla mi prima lo ocupó. Quería irse al DF a estudiar en la UNAM. No consiguió quedarse y creo que la ciudad fue demasiado para ella. Pero en su breve estancia en el depto. dejó muchas más huellas visibles de las que yo pude dejar.
Usualmente me gusta pensar que estoy de paso, es por eso que mis departamentos parecen más refugios temporales que viviendas. Por ello, mientras estuve en el DF moví muy pocas cosas. Mi prima en cambio, trató de hacerse habitable el espacio y ahora me tocaba a mi sentirme en casa doblemente ajena. Las fotos familiares sustituyeron las imagenes de Marilin Monroe que había en la casa. El olor penetrante de la ropa y las cosas que Carlos había dejado se había ido, al parecer para siempre, para ser sustituido por los aromas artificiales de desodorantes y aromatizadores.
Continuará
Llegué a casa cargado de maletas y con los ojos llenos de vividas imagenes. Un nuevo regreso, un nuevo comienzo. De nuevo a reinventarme la vida. Olvidar lo que se quedó atrás o por lo menos dejarlo medio escondido para que no doliera demasiado a la hora de salir a buscar trabajo. Los primeros días fueron de fiesta, pero con los días regreso la normalidad y la cotidianidad. Y en vista de las circunstancias lo mejor era buscar de nuevo el apartamento vacío de mi tio.
En algún momento, despues de mi salida de él para regresar a Puebla mi prima lo ocupó. Quería irse al DF a estudiar en la UNAM. No consiguió quedarse y creo que la ciudad fue demasiado para ella. Pero en su breve estancia en el depto. dejó muchas más huellas visibles de las que yo pude dejar.
Usualmente me gusta pensar que estoy de paso, es por eso que mis departamentos parecen más refugios temporales que viviendas. Por ello, mientras estuve en el DF moví muy pocas cosas. Mi prima en cambio, trató de hacerse habitable el espacio y ahora me tocaba a mi sentirme en casa doblemente ajena. Las fotos familiares sustituyeron las imagenes de Marilin Monroe que había en la casa. El olor penetrante de la ropa y las cosas que Carlos había dejado se había ido, al parecer para siempre, para ser sustituido por los aromas artificiales de desodorantes y aromatizadores.
Continuará
sábado, noviembre 29, 2003
El regreso de Suiza
El avión sobrevolaba ya la ciudad cuando desperté. Tenía hambre, estaba harto de 12 horas de vuelo y aún podía recordar la nieve que me recibió cuando llegué a Suiza. La emoción del mi primer viaje por el viejo continente habían minimizado las molestías de 9 meses antes. Estaba regresando y a pesar del añoro por algunas cosas que había dejado las horas de viaje las sentía en cada uno de mis músculos. Y lo peor, tendría que tomar todavía un par de autobuses para llegar a casa.
Con todo no pude evitar que la piel se erizase, no pude evitar los estremecimientos al mirar desde al aire el mar de gente, autos y casas que me esperaba abajo.
Cuando por fin tocamos tierra dejé que todo el mundo saliera, que se adelantaran. Yo no tenía a nadie esperandome ahí y bien podría llevarme el desembarco en calma. Tomé mis maletas de mano y salí a los pasillos del aeropuerto Benito Juárez, arrastrando los pies y en un estado entre sorprendido-fastadiado-contento-encabronado. Estaba ahi. De regreso en la ciudad de México. Exitado por la idea de unos tacos de lo que fuera y conciente de que no habría más mañanas montañosos con Alessia a mi lado. Seguí arrastrando los pies para salir de ahí.
Continuará
El avión sobrevolaba ya la ciudad cuando desperté. Tenía hambre, estaba harto de 12 horas de vuelo y aún podía recordar la nieve que me recibió cuando llegué a Suiza. La emoción del mi primer viaje por el viejo continente habían minimizado las molestías de 9 meses antes. Estaba regresando y a pesar del añoro por algunas cosas que había dejado las horas de viaje las sentía en cada uno de mis músculos. Y lo peor, tendría que tomar todavía un par de autobuses para llegar a casa.
Con todo no pude evitar que la piel se erizase, no pude evitar los estremecimientos al mirar desde al aire el mar de gente, autos y casas que me esperaba abajo.
Cuando por fin tocamos tierra dejé que todo el mundo saliera, que se adelantaran. Yo no tenía a nadie esperandome ahí y bien podría llevarme el desembarco en calma. Tomé mis maletas de mano y salí a los pasillos del aeropuerto Benito Juárez, arrastrando los pies y en un estado entre sorprendido-fastadiado-contento-encabronado. Estaba ahi. De regreso en la ciudad de México. Exitado por la idea de unos tacos de lo que fuera y conciente de que no habría más mañanas montañosos con Alessia a mi lado. Seguí arrastrando los pies para salir de ahí.
Continuará
miércoles, noviembre 19, 2003
Continuamos con su blog-novela Mi tio no quiere irse
Cuando el miedillo comenzó a diluirse se fue también diluyendo el olor penetrante de la casa. Los humores que mi tio dejó antes de irse comenzaban a desaparecer. Aunque a veces, cuando regresaba de la calle, la casa olía como al principio, como si mi tio hubiera regresado o como si hubieran abierto algún cajón con ropa suya y el olor se extendiera por toda la casa. Otra veces no, otras veces parecía como si la casa hubiera estado abandonada por años.
Eso de los olores no dejaba de incomodar pero nunca fue algo tan fuerte como lo que sucedería un par de años despues. El tiempo que estuve ahí procuré no mover nada, me llevé sólo algunos discos de la vasta colección de acetatos que fue acumulando con los años y algunos sweteres que tomaba de momento y que despues no regresaba a su lugar. Pero nada más. Pasados algunos meses de vagancia disfrazada de busqueda de trabajo en el DF me ofrecieronun buen puesto en el diario dónde había trabajado antes de irme a Cancún. La oferta era tentadora y al final decidí aceptarla.
Así, tomé mis cosas, otras las dejé en la casa y cambié mi residencia a la ciudad de Puebla por los siguientes dos años. El regreso al DF y a la casa de mi tio fue algo menos planeado que nunca, aunque en el fondo era obvio que tendría que haberlo hecho....
Continuará
PD.- La historia de mi tio se amplía a Viridiana, una prima que también pasó algunos meses en el depto que quedó vació cuando yo me salí de ahí. Detalles divertido y otros no tanto me fueron confiados hace unos días, ya llegaremos a ellos
Cuando el miedillo comenzó a diluirse se fue también diluyendo el olor penetrante de la casa. Los humores que mi tio dejó antes de irse comenzaban a desaparecer. Aunque a veces, cuando regresaba de la calle, la casa olía como al principio, como si mi tio hubiera regresado o como si hubieran abierto algún cajón con ropa suya y el olor se extendiera por toda la casa. Otra veces no, otras veces parecía como si la casa hubiera estado abandonada por años.
Eso de los olores no dejaba de incomodar pero nunca fue algo tan fuerte como lo que sucedería un par de años despues. El tiempo que estuve ahí procuré no mover nada, me llevé sólo algunos discos de la vasta colección de acetatos que fue acumulando con los años y algunos sweteres que tomaba de momento y que despues no regresaba a su lugar. Pero nada más. Pasados algunos meses de vagancia disfrazada de busqueda de trabajo en el DF me ofrecieronun buen puesto en el diario dónde había trabajado antes de irme a Cancún. La oferta era tentadora y al final decidí aceptarla.
Así, tomé mis cosas, otras las dejé en la casa y cambié mi residencia a la ciudad de Puebla por los siguientes dos años. El regreso al DF y a la casa de mi tio fue algo menos planeado que nunca, aunque en el fondo era obvio que tendría que haberlo hecho....
Continuará
PD.- La historia de mi tio se amplía a Viridiana, una prima que también pasó algunos meses en el depto que quedó vació cuando yo me salí de ahí. Detalles divertido y otros no tanto me fueron confiados hace unos días, ya llegaremos a ellos
sábado, noviembre 15, 2003
HAGO un parentesis en la HISTORIA, pero es que está comenzó motivado por las preguntas de Raquel. Bueno, pues despues de muchas pospuestas ayer era la fecha para vernos. Esto es, lo que según yo, pasó....
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Eran 10 para la cinco cuando llegué a la facultad. ¿Y ahora donde diablos esta la entrada? me pregunté al inicio del pasillo, donde la juventud vibrosa, buenpedo y bienpensante a sentado sus reales. Caminé sorteando mogollón de piratas, todos en realidad, que venden desde el último de Silvo hasta lo más nuevo de Radiohead pasando por todas las vanguardias habidas y por haber. ¿Qué habría resultado si en lugar de irme a escabullir en mi escuelita rural hubiera tenido el "privilegio" de pasar por estas aulas bienpensantes, cosmocostumbristas, en donde los viernes son viernes de borrachera con una guitarra en mano para cantar al puro estilo La Lupita Contrabando y traición (¿Será que esa es la versión cool?)?. Ahí también vi el pirataje computacional que nos permite imaginar que estamos inn, en sintonía con el resto del mundo civilizado (cualquier cosa que eso signifique) sin que el bolsillo se desangre más allá de la quincena burocrática.
Quise detenerme a mirar las ofertas de los de las tibias y las calaveras cegehacheras, pero primero lo primero, tenía que encontrar la mentada entrada de tan ilustre edificio. En algún punto de ese pasillo encontré la reja azul, acceso al Olimpo de las letras y los saberes. Hela ahí, supuse, al leer el gran letrero que corona la reja. Decidí seguir caminando hasta llegar al remanso de paz que los jóvenes estudiantes utilizan para solaz y esparcimiento y para diluir y digerir el duro proceso del saber que se desarrolla en el sitio. Faltaba como una hora y en algo tenía que ocupar la mente. Saqué el libro que llevaba para la ocasión (y para no desentonar en el sitio) y me dispuse a repasar lo leído hace algunos años. Y así sin darme cuenta pasaron casi 30 minutos. Regresé entonces al pasillo tomando por asalto por los bucaneros del copyrigth, algo tendría que encontrar. Y si, lo encontré aunque al final tampoco me animé a llevarlo. El homenaje roquero a Sandro de América es una gran curiosidad, pero no sé si servirá para algo más. El tipo, sin parche y sin pata de palo, me ofreció otra rareza (no iba a dejar que el cliente se le escapara) un disco con extraños duetos que si bien era eso, una rareza, no pasaba de ahí. Además en realidad no pensaba en hacerle el gasto, como ya dije, necesitaba que el tiempo se fuera y que las manecillas del reloj dieran las 6.
Regresé y me decidí por dar una ojeada por los pasillos de tan entrañable edificio. Grandes letrados y grandes letras han nacido frecuentando el pasillo que pisaba... o algo así. Busqué algún anuncio que dijera donde o por que tendría que estar ahí y no en otro lado (que se yo, La Condesa, Garibaldi, La Enep Aragon, mi casa en compañía de los amigos de mi tío). Pero no lo encontré.
Te sentirás como en casa (no lo dijo así, pero eso fue lo que dio a entender) hay mucho clones del Fercor, me dijo mi cita cuando acordamos hora y lugar. Nooooooo, grité aterrado a manera de respuesta. No te preocupes, dijo ella, no tienes que olerles las patas. Pero no, no vi a ningún clon del hippie (fercor dixit) con el que compartí depto. y vivienda por varios años. Al menos no en la cafetería, afuera en cambio la cosa era distinta.
Me pedí un café capuchino, de maquina y muy caliente, se acerqué a una mesa y me dispuse a perderme junto con MS en el Central Park. Faltaba media hora o algo parecido y como ahí no la humedad del piso no se traspasaba a mis nalgas pude terminar ese y un capitulo más. Por fortuna llegó Kitty Wu a salvarlo y a salvarme. Pregunté a mi vecina, una pelirroja de coloración llamativa (a lo mejor por eso era lo de los clones del fercor, por que si bien no había, algo en el aire lo recordaba y no era el apeste a patas) la hora, 5 minutos para la seis. Cerré el libro y las manos comenzaron a sudarme. El café, pensé, estaba muy cargado y la cafeína está haciendo estragos.
Me paré recargado en una de las orillas de reja azul y los minutos pasaron y pasaron y volvieron a pasar (sin regresar nunca por el mismo sitio, eso si) y siguieron pasando. 5, 10, 15, 20... en algún momento me pareció ver pasar a Chimal (el novio de Raquel y al que tenía que ir de dejar a la facultad y por el cual habiamos acordado vernos ahí), aunque tampoco podría apostar por ello. Lo conozco solo de fotos en la web y soy mal fisonomista. Si, es él. Me aferré a la posibilidad. No debe tarde en llegar, y los minutos siguieron su cause. Y a los 20 se la agregaron 10 más y otros diez.
Finalmente tomé mi maleta y regresé por el pasillo atestado de tipos sin sombrero de tres picos, pata de palo, mano de garfio o parche en el ojo, pero que hacen gala de su bribonería (o será bondad al acércanos a cosas que de otro modo solo podríamos ver de lejos?). Quise sentirme molesto, pero solo me sentí triste. En realidad tenía ganas de verla....
Pd.- Supongo que el sudor de las manos si era la cafeína, siguieron sudandome el resto de la noche y pude dormir hasta muy tardeeeee...
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La historia del tio se reanudará en el próximo post...
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Eran 10 para la cinco cuando llegué a la facultad. ¿Y ahora donde diablos esta la entrada? me pregunté al inicio del pasillo, donde la juventud vibrosa, buenpedo y bienpensante a sentado sus reales. Caminé sorteando mogollón de piratas, todos en realidad, que venden desde el último de Silvo hasta lo más nuevo de Radiohead pasando por todas las vanguardias habidas y por haber. ¿Qué habría resultado si en lugar de irme a escabullir en mi escuelita rural hubiera tenido el "privilegio" de pasar por estas aulas bienpensantes, cosmocostumbristas, en donde los viernes son viernes de borrachera con una guitarra en mano para cantar al puro estilo La Lupita Contrabando y traición (¿Será que esa es la versión cool?)?. Ahí también vi el pirataje computacional que nos permite imaginar que estamos inn, en sintonía con el resto del mundo civilizado (cualquier cosa que eso signifique) sin que el bolsillo se desangre más allá de la quincena burocrática.
Quise detenerme a mirar las ofertas de los de las tibias y las calaveras cegehacheras, pero primero lo primero, tenía que encontrar la mentada entrada de tan ilustre edificio. En algún punto de ese pasillo encontré la reja azul, acceso al Olimpo de las letras y los saberes. Hela ahí, supuse, al leer el gran letrero que corona la reja. Decidí seguir caminando hasta llegar al remanso de paz que los jóvenes estudiantes utilizan para solaz y esparcimiento y para diluir y digerir el duro proceso del saber que se desarrolla en el sitio. Faltaba como una hora y en algo tenía que ocupar la mente. Saqué el libro que llevaba para la ocasión (y para no desentonar en el sitio) y me dispuse a repasar lo leído hace algunos años. Y así sin darme cuenta pasaron casi 30 minutos. Regresé entonces al pasillo tomando por asalto por los bucaneros del copyrigth, algo tendría que encontrar. Y si, lo encontré aunque al final tampoco me animé a llevarlo. El homenaje roquero a Sandro de América es una gran curiosidad, pero no sé si servirá para algo más. El tipo, sin parche y sin pata de palo, me ofreció otra rareza (no iba a dejar que el cliente se le escapara) un disco con extraños duetos que si bien era eso, una rareza, no pasaba de ahí. Además en realidad no pensaba en hacerle el gasto, como ya dije, necesitaba que el tiempo se fuera y que las manecillas del reloj dieran las 6.
Regresé y me decidí por dar una ojeada por los pasillos de tan entrañable edificio. Grandes letrados y grandes letras han nacido frecuentando el pasillo que pisaba... o algo así. Busqué algún anuncio que dijera donde o por que tendría que estar ahí y no en otro lado (que se yo, La Condesa, Garibaldi, La Enep Aragon, mi casa en compañía de los amigos de mi tío). Pero no lo encontré.
Te sentirás como en casa (no lo dijo así, pero eso fue lo que dio a entender) hay mucho clones del Fercor, me dijo mi cita cuando acordamos hora y lugar. Nooooooo, grité aterrado a manera de respuesta. No te preocupes, dijo ella, no tienes que olerles las patas. Pero no, no vi a ningún clon del hippie (fercor dixit) con el que compartí depto. y vivienda por varios años. Al menos no en la cafetería, afuera en cambio la cosa era distinta.
Me pedí un café capuchino, de maquina y muy caliente, se acerqué a una mesa y me dispuse a perderme junto con MS en el Central Park. Faltaba media hora o algo parecido y como ahí no la humedad del piso no se traspasaba a mis nalgas pude terminar ese y un capitulo más. Por fortuna llegó Kitty Wu a salvarlo y a salvarme. Pregunté a mi vecina, una pelirroja de coloración llamativa (a lo mejor por eso era lo de los clones del fercor, por que si bien no había, algo en el aire lo recordaba y no era el apeste a patas) la hora, 5 minutos para la seis. Cerré el libro y las manos comenzaron a sudarme. El café, pensé, estaba muy cargado y la cafeína está haciendo estragos.
Me paré recargado en una de las orillas de reja azul y los minutos pasaron y pasaron y volvieron a pasar (sin regresar nunca por el mismo sitio, eso si) y siguieron pasando. 5, 10, 15, 20... en algún momento me pareció ver pasar a Chimal (el novio de Raquel y al que tenía que ir de dejar a la facultad y por el cual habiamos acordado vernos ahí), aunque tampoco podría apostar por ello. Lo conozco solo de fotos en la web y soy mal fisonomista. Si, es él. Me aferré a la posibilidad. No debe tarde en llegar, y los minutos siguieron su cause. Y a los 20 se la agregaron 10 más y otros diez.
Finalmente tomé mi maleta y regresé por el pasillo atestado de tipos sin sombrero de tres picos, pata de palo, mano de garfio o parche en el ojo, pero que hacen gala de su bribonería (o será bondad al acércanos a cosas que de otro modo solo podríamos ver de lejos?). Quise sentirme molesto, pero solo me sentí triste. En realidad tenía ganas de verla....
Pd.- Supongo que el sudor de las manos si era la cafeína, siguieron sudandome el resto de la noche y pude dormir hasta muy tardeeeee...
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La historia del tio se reanudará en el próximo post...
lunes, noviembre 10, 2003
El regreso a casa fue cargado de expectativas, que terminarían por irse al caño como muchas otras cosas, y un poco accidentado. Una escala nada técnica en Tabasco me ayudo a espantarme algunos moscardones de esos que luego llamamos recuerdos y que sirven para empapelar de nostalgia el cajón donde solemos guardarlos. Bueno, el caso es que fuera de esa escala técnica el regreso pasó más de prisa de lo esperado (tomando en cuenta lo difícil que fue la ida).
Y al fin aterricé, y una semana después de la salida estaba ya en las calles de la colonia y con las maletas en mano. Después del recibimiento y en lo que la rutina regresaba a mis manos me pusieron al tanto de lo sucedido. De los secretos a voces que por fin se aceptaban, de lo que para la familia había implicado, del trabajo que les había minado la moral y de como lo vieron morir. Trago amargo que me tocó de lejos y de oídas.
El regreso a la normalidad fue paulatino y me costó algunas semanas, en lo que decidía por donde debía seguir. Así, una vez tomada la decisión solo fue cosa de estirar las piernas para empezar a caminar y llegar al DF, teniendo como primera parada la casa de mi tío. Abrir la reja y tratar de espantar el polvo de los días fue lo primero. Después hubo que acostumbrarse a los olores, a los objetos, a las manías de quien ya no estaba pero no conseguía irse del todo.
Al principio fue caminar a tientas, dando pasos muy muy cortos, después de todo estaba en casa ajena y el miedillo era una molestia constante...
Continuará
Y al fin aterricé, y una semana después de la salida estaba ya en las calles de la colonia y con las maletas en mano. Después del recibimiento y en lo que la rutina regresaba a mis manos me pusieron al tanto de lo sucedido. De los secretos a voces que por fin se aceptaban, de lo que para la familia había implicado, del trabajo que les había minado la moral y de como lo vieron morir. Trago amargo que me tocó de lejos y de oídas.
El regreso a la normalidad fue paulatino y me costó algunas semanas, en lo que decidía por donde debía seguir. Así, una vez tomada la decisión solo fue cosa de estirar las piernas para empezar a caminar y llegar al DF, teniendo como primera parada la casa de mi tío. Abrir la reja y tratar de espantar el polvo de los días fue lo primero. Después hubo que acostumbrarse a los olores, a los objetos, a las manías de quien ya no estaba pero no conseguía irse del todo.
Al principio fue caminar a tientas, dando pasos muy muy cortos, después de todo estaba en casa ajena y el miedillo era una molestia constante...
Continuará
jueves, noviembre 06, 2003
Bueno... si nos ponemos rigurosos la verdad es que la historia de mi tio comienza mucho antes. Pero no creo que venga al caso. Además, estoy aprovenchandome de una simple excusa para iniciar a desarrollar la historia del viaje a Cancún, cuando este blog ni existía y ni siquiera imaginaba que algo así podría ser realidad. En fin, el caso es que me saltaré toda la historia de esa aventurilla para entrar de lleno con lo de mi tio. Aclaro esto para quien pueda interesarle.
Recuerdo que estaba en el bar del último hotel dónde trabajé durante mi estancia por las playas del Caribe mexicano, cuando me pasaron una llamada de mi casa. Es tentador desviarse en esta parte y contar sobre el hotel, sobre el grupo de animadore (a) s italianos y las muñequitas que semana a semana llegaban a hospedarse, directas de Italia y con ganas de comerse a México y de paso a los mexicanos. Pero me estaria desviando de nuevo. El caso es que tenía el telefóno en la mano y una sonrisa maliciosa dirigida a una recién llegada que se me congeló en las manos, del otro lado de la línea mi madre lloriqueaba mientras me daba la noticia. Mi tio había muerto. Mi tio, ese que no conocía. El que a últimas fechas comenzaba a llenarnos de regalos y que nunca antes lo había hecho. El que todos veían con disimulo cuando llegaba a las fiestas familiares acompañado de un "nuevo" amigo. El blanco de las burlas infantiles de los primos ylos comentarios con torcedura de boca de los parientes. El que se fue a vivir al DF y venía muy de vez en cuando y casi siempre malhumorado y taciturno. Si. Mi tio se había muerto y su muerte solo confirmó lo que todos sabíamos pero que nadie se atrevía a decir en voz alta. El golpe fue duro pero sin estridencias. Me quede con la bocina en la mano y mientras le decía a mi madre que en realidad no sabía ni que decir ni como actuar comencé a recordarlo. Comencé a hacer memoria y a traer del pasado retazos de viejas imagenes perdidas en el subconciente. Nada demasiado fuerte a lo que asirme.
Colgué mientras trataba de esconder la mueca en que se había convertido la sonrisa. Me pidieron cerveza, tequila, ron y no se cuantas bebidas más. Cerré los ojos y nuevamente traté de recordar...
Continuará
Recuerdo que estaba en el bar del último hotel dónde trabajé durante mi estancia por las playas del Caribe mexicano, cuando me pasaron una llamada de mi casa. Es tentador desviarse en esta parte y contar sobre el hotel, sobre el grupo de animadore (a) s italianos y las muñequitas que semana a semana llegaban a hospedarse, directas de Italia y con ganas de comerse a México y de paso a los mexicanos. Pero me estaria desviando de nuevo. El caso es que tenía el telefóno en la mano y una sonrisa maliciosa dirigida a una recién llegada que se me congeló en las manos, del otro lado de la línea mi madre lloriqueaba mientras me daba la noticia. Mi tio había muerto. Mi tio, ese que no conocía. El que a últimas fechas comenzaba a llenarnos de regalos y que nunca antes lo había hecho. El que todos veían con disimulo cuando llegaba a las fiestas familiares acompañado de un "nuevo" amigo. El blanco de las burlas infantiles de los primos ylos comentarios con torcedura de boca de los parientes. El que se fue a vivir al DF y venía muy de vez en cuando y casi siempre malhumorado y taciturno. Si. Mi tio se había muerto y su muerte solo confirmó lo que todos sabíamos pero que nadie se atrevía a decir en voz alta. El golpe fue duro pero sin estridencias. Me quede con la bocina en la mano y mientras le decía a mi madre que en realidad no sabía ni que decir ni como actuar comencé a recordarlo. Comencé a hacer memoria y a traer del pasado retazos de viejas imagenes perdidas en el subconciente. Nada demasiado fuerte a lo que asirme.
Colgué mientras trataba de esconder la mueca en que se había convertido la sonrisa. Me pidieron cerveza, tequila, ron y no se cuantas bebidas más. Cerré los ojos y nuevamente traté de recordar...
Continuará
martes, noviembre 04, 2003
Antecedentes
La historia del tio es larga y comienza cuando estaba en Cancún escapando de... de... de... puta madre, ya ni me acuerdo de que madres andaba corriendo. Cuando llegué a la estación de autobuses pensaba solo en irme. No tenía claro para donde, solo era irme. En ese momento mi relación con gente de la frontera norte si no era fuerte por lo menos existía, en cambio mi relación con la frontera sur era inexistente. Eran puros recuerdos de una lejana infancia. Pero me decidií por la frontera sur, supongo que era más facil desaparecer donde nadie te conocer que donde alguno puede decir: si, llegó con sus maletas hace como un mes. Roló un rato por acá hasta que le perdimos la pista. Es decir, al menos había un referente de un lado, mientras que del otro no había nada...
Continuara...
La historia del tio es larga y comienza cuando estaba en Cancún escapando de... de... de... puta madre, ya ni me acuerdo de que madres andaba corriendo. Cuando llegué a la estación de autobuses pensaba solo en irme. No tenía claro para donde, solo era irme. En ese momento mi relación con gente de la frontera norte si no era fuerte por lo menos existía, en cambio mi relación con la frontera sur era inexistente. Eran puros recuerdos de una lejana infancia. Pero me decidií por la frontera sur, supongo que era más facil desaparecer donde nadie te conocer que donde alguno puede decir: si, llegó con sus maletas hace como un mes. Roló un rato por acá hasta que le perdimos la pista. Es decir, al menos había un referente de un lado, mientras que del otro no había nada...
Continuara...
sábado, noviembre 01, 2003
viernes, octubre 31, 2003
Pues resulta que no. Y como mi profe ya me regaño por andarla regando, por andarme poniendo en evidencia acá lo aclaro. Por que resulta que el Chayanne nunca estuvo en Los Chamos. Que Los Chamos en realidad son un grupo Venezolano (lo cual no me checaba con el de Puerto Rico, pero con eso de los chanchullos ya no se sabe) y que el cantante de "Fiesta en América" salió de otro grupillo llamado Los Chicos. Pero si. Argenis Brito vocalista del Señor Coconut si estuvo en Los Chamos y que le costó mucho quitarse el estigma de joven promesa de la música precocida y precalentada. Y que por fortuna su paso por la farandula no le dejó estigmas que le impidiera formar parte de Los Nuevos Dioses con Jorge González (miembro de Los Prisioneros). Además Brito tiene listo ya el nuevo albúm de su nuevo proyecto "MamboTur".
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